A continuación te relato una pequeña historia que refleja el poder de la transformación sólo tras haber experimentado la humildad, la sencillez y la escasez y, a pesar de ello, seguir adelante. Por que no consiste en una transformación externa, sino una transformación a nivel interno. 

“Cuentan que en el claro de un inmenso campo una oruga soñaba con volar, soñaba con llegar a la cima de una gran montaña que todos los días admiraba con entusiasmo y, a la vez, algo de envidia como el águila volaba alrededor de la montaña.

Cansada de su condición decidió emprender un viaje del que sabia muy bien que no regresaría, un viaje arriesgado, incierto y muy muy peligroso para un animal de su condición, un animal que no contaba con los recursos suficientes para llegar a aquella cima y ver al águila volar de cerca.

Y de este modo, dejo atrás su hogar, su familia y amigos, no sin antes escuchar como todo su entorno le decía que no lo conseguiría, que sólo era una oruga y debía conformarse con lo que la vida le había dado, que no podía quejarse y se dejará de perseguir sueños imposibles. A pesar de ello, la pequeña oruga siguió su camino, lentamente, arrastrándose por el suelo con la vista fija en la montaña que cada vez se le hacía más y más lejos, más y más infranqueable.

Con cada paso que daba a la montaña ésta se volvía más imponente y los animales con los que se encontraba parecían más peligrosos. Pudo conocer al pájaro carpintero que le instó a que volviera a su hogar no sin antes reírse de la pequeña oruga y su condición, también se topo la serpiente, animal de tierra como la oruga pero mucho más vanidosa, ésta le perdonó la vida a la oruga sólo para ver divertida como este pequeño ser se arrastraba paso a paso, entre obstáculos casi infranqueables, a su montaña.

Lejos de amedrentarse, la pequeña oruga aprendió de cada uno de los seres con los que se iba topando, lejos de dejar atrás su propósito avanzaba muy despacito pero con la firme convicción de que no cesaría en el intento.

Muchas lunas salieron y se escondieron desde que la oruga inició su increíble viaje cuando ésta empezó a desfallecer, cuando comenzó a creer que lo que le decían los animales podía ser cierto, que no era suficientemente  grande, veloz y ágil para llegar hasta aquello montaña a ver al águila volar.  A punto de morir aquel pequeño ser se desplomó y en aquel claro se recogió sobre si misma esperando a la muerte, presa de una profunda tristeza y decepción por no haber conseguido su objetivo, por haberse creído digna de ver volar al águila de cerca. Con esos pensamientos se quedó dormida.

Muchos animales pasaban por allí a juzgar la locura de la oruga y a contemplar su final, mezcla de pena y egocentrismo sentían aquellos animales que repetían la misma frase “ya se lo dijimos…”

Otras lunas salieron y se escondieron cuando algo sucedió, cuando del lecho de la oruga apareció una magnifica y bella mariposa, espléndida, fuerte y veloz. Esa pequeña oruga, después de su tormentoso viaje, después de tocar fondo y retrotraerse en si misma, se transformó.

Posiblemente se habría transformado igual en su entorno tranquilo, en aquel claro del que partió, sin embargo, se transformó muy cerca del águila, animal muy sabio que había visto todo su viaje, su final y su nuevo comienzo. Y ahora, no sólo pudo ver al águila volar, sino que voló junto a ella.” – Eva de la Coba

No esperes a ser una mariposa para empezar tu camino, necesitamos ser primero orugas para aprender en el viaje, para conocer todo lo que podemos llegar a realizar bajo esta condición y, tras esto, transformarnos en una mariposa que siente, lucha y sigue su camino sabiendo que, oruga o mariposa, todo es posible.